La carta de Viky
Esta es la carta de Viky y me ha dado permiso para publicarla porque a alguien le puede ayudar. No he retocado nada, la transcribo tal cual.
Una carta entrañable y directa, serena y positiva. La vida de Vicky es un testimonio de lucha, resiliencia y superación. A los 12 años, un tumor cerebral la enfrentó a una batalla que parecía imposible de ganar. Sin embargo, contra todo pronóstico, Vicky emergió de la operación con una segunda oportunidad. Su camino estuvo lleno de obstáculos, desde la pérdida del oído y dificultades en la movilidad hasta problemas con su memoria y la vista. Pero cada desafío fue enfrentado con valentía y determinación, convirtiendo cada obstáculo en una oportunidad de aprendizaje.
Desafiando las probabilidades: La Carta de Viky
Hola, soy VIKY, y en este libro voy a contar la historia de mi vida. Es corta porque solo tengo 45 años, pero larga porque tiene mucho que contar. Cuento con más atención lo primero que pasó porque de eso sí que me acuerdo. Después perdí la capacidad de memorizar, pero no la memoria.
No oigo por este oído papá
Todo era normal en mi vida, hasta que un día mi padre me quiso decir una cosa al oído y a escondidas. Porque decía que mi madre era una espía alemana y adivinaba todo. Al acercarse a mi oído izquierdo para hablarme, le dije que no oía por ese oído y que me lo dijera en el derecho. Eso de que no oía por el oído izquierdo les preocupó. Al día siguiente fuimos al médico y solo me recetaron unas gotas. Pero les seguía preocupando que no oyera por el oído. Posteriormente acudimos a un especialista y vio algo raro, así que nos mandó a la Clínica Universidad de Navarra.
A partir de ese momento, todo fueron pruebas y pinchazos en el tímpano. Al principio pensaban que era una suciedad por dentro y cuando me hicieron una prueba para mirarlo por detrás del tímpano, vieron que no tenía oído. Había tímpano, pero no huesecillos. Siguieron buscando y descubrieron que lo que tenía era un tumor cerebral ahí instalado. No era maligno, pero el problema era que estaba creciendo y empezaba a acercarse a la carótida. Era una situación difícil y peligrosa.
Cuando vieron lo que había ahí dentro, rápidamente me querían hacer una intervención quirúrgica e intentar estirparlo. Me convencieron mis padres para que ese fin de semana me quedara en la clínica porque el lunes me querían hacer una pequeña prueba más y para no tener que ir y venir otra vez.
Una mentira piadosa y millones de besos
EL 24 de octubre cumplí los 12 años. Y casi un mes después sucedió…. El lunes 21 de noviembre de 1989 mis padres me dijeron que solo me iban a hacer una pequeña prueba más. Era una mentira piadosa, pero por el bien de la humanidad. Y me lo creí, pero no entendí por qué me lo dijeron con los ojos llenos de lagrimones. Y me dieron luego millones de besos.
Ahora si entiendo por qué. Solo iba a ser una pequeña operación, pero duró 16 horas. Se encontraron con un tumor cerebral raro. Taladraron mi cráneo y comprobaron que el tumor estaba extendido y en vez de quitarlo por trocitos, me lo quitaron todo de una vez. Para dejar todo limpio me tuvieron que cortar nervios y músculos de mi cara izquierda. Dieciséis horas después, cuando terminaron, me dejaron en la unidad de vigilancia intensiva. Los mismos médicos dijeron que estaba muy mal y era muy difícil que sobreviviera. En cualquier caso si salía adelante nunca estaría en pie.
¿Quiénes son esas personas?
Todo fue a vida o muerte. Cuando estaba en la UVI, me sedaron, así que no me acuerdo muy bien. Sí recuerdo que una vez había dos chicos delante, eran muy parecidos. No podía pensar, pero algo corría por mi cabeza. Eran mis hermanos. Había una mujer que siempre estaba y que cuando abría los ojos, la veía ahí. Estaba con jersey oscuro y cuellos blancos. Era mi madre. Y había un hombre que era calvo y estaba todo el rato haciéndome caricias, me cogía la mano, me daba besos… Ese era mi padre. Todo seguía y no me enteraba de mucho.
Los primeros días de mi nueva vida
A los 10 días me despertaron y unos días después me bajaron a planta. Había conseguido pasar unos días, seguía viva, y todo podía seguir bien. Eran los primeros días de mi nueva vida. Estaba en pie, pero seguía en la cama. Al principio no entendí porque era todo tan raro y distinto. Me lavaban, me daban de comer, no me podía mover, no me dejaban hacer nada. Me ponían música y a la cama. Tenía buena compañía. Mucha gente me hacía visitas y me traían regalos. Todos los regalos y detalles estaban en la mesilla de la ventana.
Un día, que mis padres no estaban y a escondidas de las enfermeras, me levanté, poquito a poco y con cuidado y apoyándome por todos los sitios llegué a la ventana y toque todos aquellos regalos. Y los vi de cerca. Cogí un regalo y comenzó la vuelta a la cama. Nadie se explicó cómo podía tener algo en la cama. Luego se percataron de que había sido yo misma. Me había levantado. Mis piernas no estaban bien, pero me pude poner en pie.
Era yo, Viky, pero distinta
Todo avanzaba pero poco a poco. Una vez me ayudaron y fui al baño. Cuando me lavé las manos, me vi en el espejo. Era yo, la Viky de siempre, pero distinta. Era rara, muy rara y. Hablaba mal, no podía pronunciar bien, pero me entendieron cuando pregunté qué me pasaba.
Me dijeron que me habían sacado una cosa mala de la cabeza pero que me pondría buena. Estuve un mes ingresada en la clínica, pero mejorando despacio. La gente no se esperaba que llegaría hasta ahí. Era inexplicable. Hasta empecé con un fisioterapeuta porque vieron que podía mejorar. Un mes antes iba a morir y ahora estaba viva.
Estaba allí, lejos de mi casa. Pero bien acompañada. Madre estaba conmigo las 24 horas del día y dormía en mi habitación. Mi padre venía todos los días de Alfaro por la mañana y se iba por la noche. Y mis hermanos me visitaban los fines de semana. Todos los días recibía visitas de gente conocida. El 21 de diciembre me dieron el alta y me fui a mi pueblo. Yo no me lo esperaba, pero los médicos menos. Coja y bien agarraba, pero andando. Estaba contenta porque volvía a una vida normal.
Aprender a vivir una nueva vida
A partir de ahí empezó una nueva vida, pero distinta. Tuve que volver a aprender muchas cosas. Ponerme de pie, andar, hablar, oír bien con un solo oído, leer, escribir, comer… Todo como una recién nacida. Desde ese momento y poco a poco me fui recuperando. Estaba con una fisio en casa y por las tardes de paseo y a moverme. Y muchos saludos de la gente.
Volví al colegio, pero estaba con una fisio, me ayudaron con lo de escribir. Al final hice séptimo a medias. Luego hice octavo, pero me obligaron a repetir porque no había hecho séptimo entero. Terminé EGB y empecé en el instituto. No sabía por qué, pero «no daba de si». Todo lo suspendía menos las matemáticas, quizás porque no tenía que recordar cosas leídas. Pensaba que eso podía ser porque me habían tocado cosas del cerebro izquierdo.
Ante este problema, de memoria, los compañeros se reían de mí y se burlaban. Pero yo tenía otras cosas más importantes de las que preocuparme. También tenía otro problema serio, pero no tan grave como el tumor cerebral. Era mi ojo. En la operación grande me tuvieron que cortar el nervio del párpado y ahora no podía cerrarlo bien. Estaba con los estudios y cuando podía me hacían operaciones con lo del párpado. Me hicieron muchas.
Más operaciones
Con estas operaciones aprendí una cosa y a las enfermeras les hizo gracia. Cuando me operaban me sacaban sangre y yo siempre lloraba y protestaba… Pero un día no dije nada cuando me sacaron sangre. Me preguntaron por qué no decía nada y les dije que había comprobado que aunque llore, chille o proteste, me sacaban sangre, así que no iba a protestar más.
Otro problema es la parte izquierda de mi boca afectada porque me cortaron nervios y músculos de la cara. Pero ese problema no me preocupaba.
Estudiar Educación para disminuidos psíquicos
Seguí estudiando hasta 3o de BUP y seguía mal con las notas. Eso ya no tenía solución. Con ayuda de mi padre me organizó todo para que pudiera ir a estudiar a Pamplona. Un curso en Pamplona. Me fui a la ciudad donde volví a nacer. Quizás por eso me gustó. Elegí estudiar un curso de educación de disminuidos psíquicos. Quizás porque podía haber terminado como esas personas. Me hacía ilusión, tanto por lo que iba a estudiar como por poder hacer yo las cosas. Empecé con ese curso de Pamplona. Lo primero que me sorprendió fue cuánto me miraba la gente y de qué forma tan descarada. Ese curso era todo apuntar y memorizar.
Pero todo cambió cuando a mitad de ese curso empecé con las prácticas. Me tocó en un centro donde había personas con deficiencia profunda. Al principio dan mucha pena y me dijeron que no llorara delante de ellos y me costó, pero lo hice. Eran buenos y no sabían ser malos. Les gustaban los besos, caricias, hablarles y peinarles. En las prácticas aprendí la verdad. Aprendí cómo había que tratarlos. Así aprendes cosas más importantes que en los libros.
Tal y como estaban esas personas, me di cuenta que mis problemas de ojo, boca, oído y obesidad, no eran nada importante. No eran nada al lado de esas personas. Así aprendí mucho psicológicamente. Pero lo dejé porque no podía estudiar ni memorizar, era gasto de dinero, y en mi pueblo no había ningún sitio de esos donde trabajar. Cuando volví al pueblo empecé a trabajar a en la asesoría de mi padre. No tenía mucha capacidad para acordarme cómo se hacía la contabilidad, así que terminé ordenando archivos.
De vuelta a casa
Poco después mi padre creó una Asociación de Disminuidos Físicos de Alfaro (ADISFA). Socios de esta Asociación son discapacitados físicos. Yo ahora también soy una disminuida física. Luego también se creó una empresa donde trabajaban personas con discapacidad física y psíquica (C.E.E. ARTAL) y se hacen diseños de camisetas, publicidad y más cosas. Y luego creó una tienda para vender cosas de las que se hacían en esa empresa de ARTAL. Trabajaba en esa tienda y ya no tenía ni que pensar, ni memorizar. Me vino bien y me gustaba. Trabajando en esta tienda estoy bien. Ahora tengo buena relación con las clientas o eso intento. Hablo mucho y ya no estoy encerrada en mi mundo. Me ven muy feliz a pesar de mis «problemas». Lo tengo superado. Mis problemillas no tienen solución. Así que no me voy a quejar.
Lo mío no es nada…
Explico, en ocasiones, lo que viví en Pamplona con los deficientes. Y, el caso es que, viendo como están, lo mío no es nada… cómo están ellos y como estoy yo. En la tienda estoy bien y con una buena compañera de trabajo. Mis hermanos trabajan y ella es una hermana nueva. La necesito para que me ayude con lo de la memoria y ella me ayuda en eso y más. Yo ahora soy disminuida física porque soy o era sorda. Perdí el oído izquierdo hace 30 años y ahora perdí el derecho. Y mi ojo, cara, calva y obesidad, siguen ahí, pero mi cabeza está bien, aunque sin buena memoria. Me enteré hace poco que eso de no tener tanta memoria es por las pastillas de corticoides.
Me gusta hacer manualidades, y ahora que estoy en la tienda me preguntan y piden que les haga de mis muñecos de plastilina. Ahora, se me ha ocurrido hacer una exposición para enseñar manualidades que se hacer. Pienso que será una buena manera para tener la cabeza ocupada y no pensar en otras cosas.
Todo lo que he aprendido
Así es mi vida y así la he contado. Mi vida ha sido complicada, pero he aprendido mucho. Dijo una vez una persona…» Si quieres ser algo en la vida, ama, perdona y olvida, hoy te lo dice una amiga, pero mañana, te lo dirá la vida» Estoy bien ayudada y protegida. Esta es mi vida y no sé cómo continuará y acabará.
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Lo que Viky nos enseña
La carta de Viky nos enseña que las adversidades pueden ser superadas con amor, perdón y determinación. A pesar de las dificultades, encontró un propósito en ayudar a otros, especialmente a aquellos con discapacidades. Su experiencia en Pamplona fueron valiosas lecciones sobre empatía y compasión.
Es importante destacar que, en su vida cotidiana, Vicky encuentra alegría en las pequeñas cosas y comparte su creatividad a través de las manualidades, buscando siempre nuevas formas de mantenerse ocupada y enfocada en lo positivo. Su determinación y actitud positiva son un ejemplo inspirador para todos nosotros.
Nos recuerda también, lo importante de sentirse acompañada, confiar en los demás. Está rodeada de amor y apoyo. Pero sobre todo, su historia nos recuerda que, lo que realmente importa en la vida, es cómo enfrentamos los desafíos y cómo podemos elegir vivir cada día.
Si tienes adversidades no olvides que lo primero es pedir ayuda. A partir de ahí empieza la lucha.

